1.11.05

Exactamente dos pixeles

- Mire Fiorito que esta es su última oportunidad.
- Si Sr.
- Mire que el horno no está para bollos.
- No Sr.
- La ecuación es simple Fiorito, si Ud. fracasa en esta presentación, está afuera, out, arafue, se acabó, rapidito por la salida y en fila.
- ...
- No sé si me interpreta lo que le quiero significar, Fiorito.
- Confíe en mí, Licenciado Barceló, gracias por su confianza.
- No le tengo confianza Fiorito.
- ...
- Ud. ya nos cagó dos presentaciones Fiorito, lo que pasa es que Torrealba está enfermo y Piñero está a full sacando a flote la otra cagada que Ud. se mandó, Fiorito. No va a haber una tercera Fiorito.
- Sí, entiendo, confíe en mí Licenciado...
- ...porque le pego una patada en el culo antes de que diga "A", Fiorito.
- Sí, sí, no, Licenciado... no...
- Ahora apuresé, ¿quiere?
- Sí, Licenciado.
- Quiero esa presentación hoy mismo, me la manda por mail.
- Sí, Licenciado.

El crédito hipotecario, ese es el drama. No se hubiera metido si Mecha no le hubiera roto tanto las bolas. Pero se metió en el tubo, y ahora si recula de hace el hoyo él solito, hablando mal y pronto. Se ajusta la corbata, suda. La presentación es un asco. El Powerpoint es una mierda. O él no lo sabe manejar. O las dos cosas. Copió una presentación ya hecha y tardó más que si hubiera empezado de cero. Se tardan minutos enteros en corregir taradeces. Ese bloque está torcido, no se queda donde él quiere, se encima con el otro... Y encima está en negro. Más negro que el culo de un mono. Le pagan una nada en blanco y el resto por afuera. Onda que si lo despiden, onda que no cobra nada de indemnización, onda que no ahorró casi nada, onda que se van a los caños. Suena el interno.

- ¿Para cuándo Fiorito? Son las cinco y media. A las seis quiero verla.

Onda que este estreñido hijo de puta es un verdugo.

Seis y cinco. Listo. Salva. Guarda los cambios Yes? Yes. Abre el Outlook. Tarda dos milenios en abrir. Abriendo Outlook. Tarda mucho. Qué basura. No se mueve. Puta que te recontramil parió. No se mueve. Dale. ¡¡Dale!! Quietud, se congeló en "Abriendo Outlook". Se clavó. Reinicio. Suena el interno.

- Fiorito, yo me tengo que ir, esto no va Fiorito, no anda así...
- Se me trabó... se colgó...
- Esa no, Fiorito. Por favor, esa no. Somos grandes.
- Un minuto, Licenciado Barceló, ¡un minuto solamente!
- No tengo un minuto, Fiorito, y si lo tengo que poner a Torrealba con esto, Ud. sobra, Fiorito. Esto no es una empresa de beneficencia, no sé si se dio cuenta Fiorito.
- Se lo estoy enviando...

La ansiedad hace que cada frase termine en un jadeo. Se odia. El Outlook del orto. Está seguro que algún sádico cretino le programó algo para que se cuelgue en momentos críticos. Fantasea con eso. Un virus que detecta movimientos del mouse más histéricos, apertura apresurada de aplicaciones, acaso la presión sobre el botón y las teclas, y en base a eso... cuelga la máquina. Hijos de puta. Hijos de puta todos. Abre un nuevo mensaje. Toma el archivo .ppt, lo deja caer en el mensaje. Pone "presentación" en el asunto. Cambia por una "P" mayúscula. Se siente un boludo por hacer ese cambio. Click. Manda. Se levanta para ir al despacho del Licenciado.

Un segundo de reflexión, una duda.

Pánico.

Vuelve sobre sus pasos como un poseído. Trata de recuperar el mensaje. No se acuerda cómo. Despliega todos los menúes. Si algo tienen las aplicaciones de Office es que lo que uno busca siempre está en algún lugar cuya relación con el menú sólo es evidente para un alienígena. Recuperar el mensaje, necesita recuperarlo antes de que el Licenciado lo levante. F1, help. ¡¡Help, apurate putamadre!! Ahora tipea "recuperar". Un montón de pelotudeces que no le interesan. Siguiente. Ahí, a ver... Va al menú, abre la ventana. Recupera. Espera unos segundos rogando que no lo haya leído aún. ¡Bingo! Lo recuperó. Mira para atrás. Abre el archivo que recuperó.

Dos rubias llegan a casa de una tercera. Conversan. Se desnudan. La primera escenita no está mal. La clásica porno. Alguien afeó todo poniéndoles diálogos de tarada. Se pregunta porqué guarda esas cosas que le mandan si las mira una vez y nunca más. Y mirá el riesgo, mandarla cambiada. Boludo. Boludísimo. Sin embargo no lo borra.

Ahora sí. ¿Sí? Abre el archivo que acaba de pegar. Tarda 10 segundos, pero no puede arriesgarse. Sí, OK. Manda. Se manda. La secretaria lo mira pasar con una sonrisa que quiere decir nada, tanto como quiere decir "infeliz", tanto como quiere decir "pobre", tanto como quiere decir "matate, no existís".

Cuando llega, el Licenciado ya está abriendo la presentación.

- Fiorito, ¿esto es para el circo Barnum Brothers?
- ¿Pe... perdón?
- Mire, esto no es un concurso de manchas. En esta presentación hay como siete colores distintos, Fiorito.
- B... bueno, yo pensé que...
- No Fiorito, Ud. no pensó porque nunca piensa.
- ... el azul es el.. o sea... el rojo identifica los riesgos externos del proyecto...
- Fiorito, este cliente tiene como PRIORIDAD Fiorito, como PRIORIDAD la seriedad. No sé si me está siguiendo, Fiorito ¿Me sigue?
- Si... si...
- El nombre de este proyecto es "Control Total", ¿o no lee Ud.? Tenemos que dar una imagen de empresa sólida, consolidada pero que sabe cambiar, conservadora aunque alerta a todo. Pero sobre todo SERIA. Muy SERIA Fiorito. A nosotros no se nos escapa nada, Fiorito. Nada. ¿Está claro?
- Muy bien, Licenciado Barceló...
- Ahora vaya y sáqueme este colorinche, Fiorito. Si le mostramos esto al cliente estamos al horno, Fiorito. Ud. está al horno. Tenemos que dar imagen de control total, Fiorito. Nuestro nuevo concepto: Control Total. ¿Me sigue? Esto da imagen de descontrol, de kilombo.
- Ya mismo... Entendido el mensaje... No se nos escapa nada. Control Total.

Una media hora de comentarios despectivos que lo único que dejan de su presentación es el logo de la empresa. Rehacer todo. Llama su mujer, va a volver tarde, sí, sí, bien.

Dos horas largas. Lucha con las figuras. Sobriedad. No se nos escapa nada, Fiorito. Control Total. Al horno, Fiorito. Termina de mover el último puto bloquecito exactamente dos pixeles. Listo. Guarda. Cierra.

Al día siguiente se manda a la oficina bien temprano. No puede fallar. Se puso su mejor traje y su mejor corbata. La sala de reuniones es un largo salón con una larga mesa en el centro. Un proyector, un rotafolio. Predomina un aséptico color azul en las alfombras y los zócalos. Al fondo una pequeña sala con un baño en suite. Todo listo. Cae el Licenciado. No le habla, pero algo en su mirada indica que si la hace bien las cosas pueden mejorar. O eso le parece a él. Se limpia las palmas sudadas por el la franela del pantalón.

De pronto tiene que ir al baño. Normal. Con semejante tensión no es raro. El cliente aún no llegó. Algo dentro suyo le dice que no va a aguantar toda la presentación así. Mejor hacerla tranquilo. Sí, incluso si el cliente tiene que esperar un poco. No puede. No. Hace una seña al Licenciado con la cabeza y señala el baño del fondo. Enfila directo sin mirar casi la cara del Licenciado. Cierra presuroso. Se sienta.
Oye llegar al cliente, el director, la secretaria, más gente. Calcula unas ocho personas. Gente importante. No tienen mucho tiempo. El tiempo vale. El tiempo es oro. Fantasea qué pasaría si en lugar de la presentación encontraran a las tres rubias. Sonríe. Casí se ríe. Pero no, debe ser nomás la presentación buena porque no llega ningún sonido anormal. Lo están esperando. Se esfuerza. Piensa que hasta para eso tiene que esforzarse. ¿Ni siquiera eso podrá hacer bien? Silencio. Tiene que apurarse. Listo. Estira la mano hacia atrás, el papel está muy atrás, tiene que estirar mucho el brazo. ¿Por qué no lo pondrán más a mano? Rápido. Ya va, ya va. Se apura mentalmente. Se contesta mentalmente. Casi en un solo movimiento termina la maniobra, se para, se sube el calzoncillo y el pantalón , se ajusta el cinturón firmemente, sube el nudo de la corbata, aprieta el botón y precedido por ese ruido de rugiente catarata abre la puerta.

El Licenciado terminó de dar su breve introducción. Es su turno. Camina lentamente, avanza. Liviano, con confianza, saluda:

- Buenos días a todos...

Hace un paneo visual por toda la mesa, algunos rostros lo miran, otros no. Elabora mentalmente el comienzo de su presentación. El título lo espera en la pared del frente: Control Total. Y debajo, en letras más chicas: Vigilar cada detalle - Margen de error cero.

Sigue caminando hacia el frente. Silencio. Mete cancheramente la mano en el bolsillo mientras sonríe. Se siente más libre, más suelto, más seguro de sí mismo. Va a lucirse. Va a mostrarle a ese estreñido del Licenciado que tiene que meterse su sarcasmo ya sabe dónde. Llega al frente de la sala y da un cuarto de vuelta, como para presentar mutuamente a la imagen de la pared y a las personas sentadas.

- Como Uds. saben hoy vamos a hablarles de nuestra metodología de gestión de proyectos Control Total, con la cual nada, ni el detalle más insignificante, escapa a la gestión del management empresarial...

Chequea los rostros. Todo bien. ¿Todo bien? Algo raro. La secretaria sonríe. El director está algo tenso. El Licenciado parecía ausente pero en un segundo su expresión cambia. Las caras de los presentes no encajan, como piezas de un rompecabezas que no dan la imagen correcta.

Mira rápidamente hacia la pared. La presentación está OK. No. No es eso. ¿Está imaginándose cosas? Mira otra vez al frente mientras ralenta el discurso para darse tiempo a examinar su situación.

- ... y de esta manera podemos... en un contexto de alta competitividad...

No, no es su imaginación. No le están dando bola. El Licenciado tiene una cara que bien podría ser la de un narcotraficante atrapado con 100 kilos de merca. El director del cliente está cruzado de brazos, como esperando que algo se solucione. La secretaria ya hace una risita sin disimulo. Todos se revuelven en sus asientos. Nadie, pero nadie, le está dando bola.

De pronto captura la dirección de una mirada. A un costado de la sala, un extraño camino blanco lo hace alucinar durante un segundo y medio. Una senda clara, ondulante y estrecha, se acerca desde el fondo de la sala, más precisamente desde la puerta entreabierta del baño, y recorre por el suelo los treinta metros hacia el punto exacto en donde él se encuentra. Se acerca. Se acerca. Y justo donde está parado la franja se levanta mágicamente del suelo, se eleva por detrás de su pierna y parece colgar de su espalda.

Lentamente, pone su mano atrás, en su cintura, y toca la textura delgada, frágil, suave, que sale misteriosamente de su pantalón. Papel. Papel suave, absorbente.

Mira atónito a su público. Su extraña cola se mueve apenas, perezosa, a lo largo de la sala. Piensa que lo malo de la vida es que no se detiene ahora mismo. Ahora.

6 Comments:

Anonymous Laviga said...

Jack, hacés guiones?
Ya van dos cosas hiperguionables que te leo.

1:22 a. m.  
Blogger Jack Celliers said...

No, pero me gustaría.

Tenés algun/a interesado/a?

8:48 p. m.  
Anonymous Laviga said...

Los interesados aparecen ante la oferta

2:22 a. m.  
Blogger Maria Caracol said...

Me he divertido. Qué sádico. Ja. Mira que hacer un Fiorito.
Salud y larga vida!

12:17 a. m.  
Blogger cinco clavos said...

No leí todavía los otros posts, pero este me pareció muy bueno.

Saludos.

3:49 a. m.  
Blogger Nathalie X said...

Interesada.

Buen cuento, me gustó.

Se entremezcla un poco con lo fantástico, desde el realismo.

Buen estilo, no te había leído escritos hasta el momento.

Saludos.

10:32 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home